Los trastornos depresivos constituyen un grupo enormemente heterogéneo de cuadros clínicos, cuya severidad se distribuye en un continuum que abarca, desde cuadros de dudosa o inconsistente significación clínica y próximos a las reacciones emocionales no patológicas, hasta cuadros severos con gran afectación funcional y riesgo vital. El episodio depresivo y la depresión mayor son categorías heterogéneas e imprecisas y el término depresión, aunque ampliamente utilizado en medios profesionales y extra profesionales, es todavía más ambiguo. Se subrayan algunas características clínicas que diferencian los trastornos depresivos con significación clínica del resto.
Frente a la heterogeneidad clínica de los trastornos depresivos existe una llamativa uniformidad en el abordaje terapéutico, basado en la administración indiscriminada de fármacos antidepresivos para cualquier cuadro del amplio espectro de trastornos depresivos. Sería necesario desarrollar protocolos de actuación, con abordajes específicos, biológicos, psicoterapéuticos y psicosociales en función de los datos de eficacia de cada tipo de abordaje y de cada paciente específico, restringiendo los tratamientos farmacológicos a los cuadros en que han mostrado eficacia.
Según el DSM-IV el trastorno adaptativo con estado de ánimo deprimido se diferencia del trastorno depresivo menor si los síntomas depresivos responden a un estresante psicosocial, pero para encontrar ese estresante hay que saber entrevistar al paciente, con paciencia, entendiendo su contexto psicosocial, ayudándole a pensar en su situación y es entonces cuando los /las pacientes pueden darse cuenta de que esos síntomas se relacionan con una situación particular. Si los estudios de prevalencia de ansiedad y depresión y el sistema diagnóstico es exclusivamente a base de pasar cuestionarios y escalas de ansiedad y depresión sin más, estos significados se pierden y esto explica que cada vez se hable menos de trastorno adaptativo y más de ansiedad y depresión. Esto repercute en el pronóstico porque, es muy distinto sentirse p.e. abatido, sin apetito y con insomnio si uno lo asocia a dificultades concretas del momento vital que si se le dice que padece simplemente “una enfermedad”. En este segundo caso la persona sigue con sus dificultades vitales que no relaciona con sus síntomas y además se angustia pensando en que está enfermo. Esto favorece la cronificación del malestar y no ayuda a la persona a conocer su funcionamiento como un todo integrado bio psico social.
ResponderEliminarTanmateix és complicat tot això, perquè sempre hi ha dificultats en la vida que poden "justificar" una depressió... M'he trobat sovint que les persones deprimides intenten trobar una "explicació" per al seu estat d'ànim i ho atribueixen a problemes a la feina, a problemes a casa, etc... es a dir situen l'origen del problema "fora", se senten víctimes ... i això, que per una banda els desculpabilitza, per altra banda els inhibeix en la cerca d'atenció mèdica i, fins i tot, en la pròpia capacitat de reacció personal.
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Sin embargo es complicado todo esto, porque siempre hay dificultades en la vida que pueden "justificar" una depresión ... Me he encontrado a menudo que las personas deprimidas intentan encontrar una "explicación" para su estado de ánimo y lo atribuyen a problemas en el trabajo, a problemas en casa, etc ... es decir sitúan el origen del problema "fuera", se sienten víctimas ... y eso, que por un lado los desculpabilizar, por otra parte los inhibe en la búsqueda de atención médica y, incluso, en la propia capacidad de reacción personal.